miércoles, 17 de abril de 2019

Aclaración


Me siento rayado a la par que desilusionado. El motivo, los comentarios recibidos en mi anterior post.

Y no es porque sean más o menos críticos, o desfavorables. Siempre he respetado y aceptado las críticas y las he asumido desde que escribo en un blog abierto al público. Es algo que forma parte de ello y lo asumo como tal. Y la prueba de que lo respeto enormemente, es el sentimiento que me causan.  Uno escribe con libertad lo que le gusta para sí mismo, pero también para sus lectores, y le gusta que lo que escribe le guste también a sus lectores. Decir lo contrario sería hipócrita.

El motivo de mi desilusión, lo produce el tono de la mayoría de los comentarios, que me dan a entender que no he sabido transmitir el tono que quería darle al post. No culpo de ello a quienes comentan en ese tono, soy lo suficientemente autocrítico, como para entender que es responsabilidad del escritor, conseguir transmitir lo que quiera que sea que intenta transmitir. En mi anterior blog sí que lo conseguí, pero debe ser que los años me han hecho perder facultades. Es difícil de explicar, pero quizás con algún ejemplo me pueda hacer entender mejor.

Imagínense que, Leo Harlem, tras exponer en el club de la comedia su conocido monólogo sobre el alcohol, al día siguiente lee en la prensa el siguiente comentario: Leo Harlem lo arregla todo con un cubata, se pasa el día borracho y es un alcohólico de pro… No tendría demasiado sentido ese comentario, o al menos eso creo yo. Seguramente yo no tengo ni la centésima parte de gracia que Leo Harlem, de hecho la mayoría de los mortales no la tienen, sólo es un ejemplo. Y es posible, y sólo posible, que ese mismo texto que yo escribí, leído por Dani Rovira con su gracia y tono habituales, le hubiera sacado una sonrisa. Y digo que es posible, porque también pudiera ser que ni siquiera narrándolo Dani Rovira, le hubiera hecho ni pizca de gracia.

Si es así, y no le hace ninguna gracia, no me queda nada más que añadir, la gracia es como el oído musical, o se tiene o no se tiene, y quien no la tiene… nunca la tendrá por más que lo intente. Hacer humor no es tan fácil y cuando lo que dices no le hace gracia a la gente, lo mejor es callarse. Eso puedo aceptarlo perfectamente.

Otro ejemplo, imagínese que entra en un blog de poesía y lee una frase del tipo tu sonrisa dibuja alegría en mi alma…. A mí no se me ocurriría dejar un comentario del tipo: las sonrisas no puede dibujar nada en un alma porque el alma es etérea… No sé, hay que saber cuál es la filosofía que se respira en un blog para darle el sentido correcto a lo que se comenta y, por lo que se ve, yo no he sabido transmitir cuál es la filosofía de este blog, que no es otra que la hacer reír a quien lo lee y que disfrutemos todos de un momento distendido por medio de la picadilla sana en los comentarios. No hay más pretensión, y si no lo consigo, quizás deba replantearme buscar otra filosofía que tal vez sí que sepa transmitir…

Pero bueno, si queréis que hable en serio del tema en cuestión, sobre quién decide, solo decir que llevo 27 años con mi mujer, me enamoré de ella, no cuando la vi, sino cuando la conocí, y decidí que quería pasar mi vida con ella. Ha sido, y creo que lo será, la única mujer de mi vida, y además sí, sé positivamente que fue ella quien decidió permitirme compartir su vida. Por supuesto que creo que los hombres decidimos cosas, que la mujer no es sólo un escote y que no es eso lo único que atrae a los hombres. Si realmente no pensara así, me daría asco a mí mismo sin que nadie tuviera que recordármelo. Esa es mi filosofía personal, todo lo demás, lo que podéis leer en la mayoría de los post que he escrito, tiene otra filosofía y otra pretensión. No pretende provocar ni ofender a nadie…

Siento haberos soltado este rollo, quizás podáis pensar que está fuera de lugar, pero me pareció oportuno aclarar este tema. Gracias por vuestra atención.


Pd.: Que alguien le diga a Fedora Rigotti, que si queremos un crédito ya lo buscaremos donde nos de la gana…






martes, 16 de abril de 2019

Hombres Mujeres y compañía II. Armas de mujer


Dígame usted quién decide… No, no se equivoque, si usted es hombre no decide… Yo tampoco. Quiero decir que yo tampoco decido, porque soy hombre. O eso creo… Pero no se preocupe, no es malo no decidir, es más, puede resultar hasta gratificante el no tener esa presión…

¿Quiénes deciden? Ellas. Las mujeres. Así que si usted es mujer, sí que decide, y el último paso será suyo. Evidentemente siempre habrá casos… y casos, pero por lo general, si necesita usar sujetador, el poder será suyo. Y si, a pesar de necesitarlo, no le usa, seguramente tendrá el doble de poder para decidir… ¿Que qué es lo que decide?... Diciéndolo finamente, las mujeres eligen con quien se emparejan, con quien comparten lecho, con quien copulan… y con quién se van de rebajas. Sí, es posible que usted sea hombre y haya podido decidir alguna vez, pero pagando, y eso no es válido para nuestra reflexión, por muy satisfactorio que le resultara…

Y son varios los motivos que determinan quién tiene el poder de decisión. El más importante, es que los hombres, somos lo suficientemente pánfilos, como para quedarnos embobados mirando un escote, cual hipnotizado mira a un péndulo oscilar de derecha a izquierda… aunque el movimiento de oscilación de lo que miramos sea de arriba abajo. Sólo es un ejemplo muy simple, de lo fácil que le puede resultar, a una mujer, anular nuestra voluntad. Y sin voluntad no hay capacidad para decidir… salvo pagando. Y a veces ni eso porque la decisión que gustaría tomar resulta demasiado cara.

Pero no se deprima, ni se culpe a sí mismo por ello, porque usted no tiene la culpa, aunque tuviera pelo tampoco podría decidir… y yo tampoco. Quiero decir que yo tampoco tengo pelo y, sin embargo, ese no es el motivo por el que no puedo decidir. Con pelo o sin pelo, guapos o feos, nos falta lo que ellas llaman “armas de mujer”, que como su propio nombre indica, son de mujer, y si algo tenemos claro… es que nosotros somos hombres. Podríamos tener “armas de hombre”, pero somos pánfilos ¿recuerda?, así que no tenemos armas. Lo cual no deja de ser paradójico, porque por culpa de las “armas de mujer”… solemos ir “armados”.

Una mirada, una sonrisa, un cruce de piernas, son armas que nos desarman y nos arman al mismo tiempo. Sin embargo, ese tipo de armas no supone ninguna desventaja, ni para usted ni para mí, ya que tanto usted como yo sabemos  mirar, sonreír y hacer alguna gambada más (lo de cruzar las piernas mejor no lo intente…). Lo que sí representa una clara desventaja, es otro tipo de arma, que a la postre (y al aperitivo también), resulta definitiva: el acabado de chapa y pintura…

Usted y yo, seremos como seremos, feos o guapos, calvos o melenudos, con bigote o sin él, pero tenemos la desventaja, de que somos exactamente igual cuando nos metemos a la cama, que cuando nos despertamos a la mañana siguiente. Ellas no. Usted puede acostarse con una hermosa princesa, para despertarse a la mañana siguiente al lado de una bruja de pelo enmarañado llena de granos. Disponen para ello, de gran cantidad de productos de belleza y variado vestuario que, paradójicamente, en su mayoría fueron creados por hombres como usted y como yo. Hombres que hartos de acostarse y despertarse al lado de la bruja, se las ingeniaron para convertirla en hermosa princesa…

Así que, visto lo visto, dígame usted quién decide…







viernes, 12 de abril de 2019

Visto en Twitter


Dígame Usted....







Así es. Apliquémonos la Moraleja: da igual lo que seas y a qué dediques tu tiempo libre, disfruta, que la vida son dos días y uno de ellos fue ayer. 

Carpe diem...





martes, 9 de abril de 2019

La Lobotomía


Lobotomía: La lobotomía cerebral es un tipo de psicocirugía, consistente en la sección quirúrgica de uno o más fascículos nerviosos de un lóbulo cerebralbla bla bla… y bla bla bla…  No voy a extenderme más en lo que es una Lobotomía, para eso ya está la Whikipedia.




Así inicié en mi anterior blog, la sección La Lobotomía. Una sección en la que pretendía recordar a algún personaje, más o menos público, la necesidad de que se practicara una Lobotomía que le llevara a modificar sus pensamientos, si es que eso pudiera llegar a ser posible, y como puede ser una sección que puede llegar a crear debate, le daré continuación en este nuevo blog.

En esta ocasión, y sin que sirva de precedente, no puedo recomendar dicha Lobotomía a un personaje en concreto. Al no haber una cabeza visible y no poder personalizarlo, voy a proponer para que se haga una Lobotomía al Estado Español. 




Y me refiero al Estado Español, como a todo aquel personaje que traspasa las puertas de nuestro parlamento, y cuyo trabajo, creando y modificando leyes, queda diariamente en entredicho por los ciudadanos de a pié.

Un Estado Español que, con sus aires de dictadura encubierta, poco a poco, nos va privando en algunos casos, y negando derechos continuamente reclamados en otros, de ciertas libertades que, se suponen, deberían ser personales e intransferibles. Libertades que cada vez son menos libertades y más privaciones. Por sólo poner algún ejemplo, la ley mordaza ya no nos permite expresarnos libremente, ni con respeto ni sin él. Tampoco tenemos libertad para auto abastecernos de energía sin tener que pagar…al estado.

Hay muchos más ejemplos de privaciones de libertad, pero hay uno, que está, vaya usted a saber porqué, de rabiosa actualidad estos días: la Eutanasia. Privarle a alguien de la libertad de elegir cuándo quiere acabar su vida, me parece el ejemplo más claro de privación de libertad que existe. Sé que es un tema bastante escabroso y peliagudo, un tema que lleva ya mucho tiempo de debate en debate y sobre el que se puede tener una idea u otra.

Yo, personalmente, no me atrevo a posicionarme a favor ni en contra, más que nada, porque no sé lo que haría si mis circunstancias personales, me llevaran a esa situación límite. Creo que es una situación, que hay que vivir en primera persona, para llegar a entender lo que significa, y por eso, nunca me atrevería a juzgar a alguien que llegue a solicitar una medida tan desesperada.

Dígame usted si, llegado el momento, no debería tener una persona, la libertad de poder elegir cuando terminar su vida y, sobre todo, cuando dejar de sufrir. No veo justo, que esa decisión, la deba de tomar otra persona que no sea el propio interesado.






jueves, 4 de abril de 2019

Reto 5 Líneas

Tal y como ya hice en su día en mi otro Blog, me reincorporo a la iniciativa que Adella Brac propone en su web.


Para quienes no lo conocéis, propone escribir un micro relato de 5 líneas en el que aparezcan tres palabras elegidas por ella al azar. Puede participar cualquiera y supone una manera de hacer algo diferente.

En éste mes de Abril, las palabras a utilizar son:  Sueño, millones y cada

Este es mi simulacro de micro relato:


            Soñar es gratis. Eso decía mi amigo, cada vez que alguien le decía que había que vivir con los pies en la tierra. Había tenido una vida de sufrido trabajador, anhelando la vida que le había tocado vivir a otros. Vidas despreocupadas en las que sus vividores protagonistas, malgastaban su tiempo pensando en cómo gastar sus millones. Pero él, a diferencia de ellos, tuvo algo que llevarse a su tumba: un sueño.


martes, 2 de abril de 2019

Hombres, Mujeres y Compañía


En este post, y en otros posteriores, trataré un asunto que viene siendo catalogado algo así como “un gran misterio de la naturaleza”, y que desde hace siglos, y lo que nos queda, viene siendo motivo de discusión allá dónde surja cualquier tipo de debate: “Hombres y mujeres somos totalmente diferentes”.

No me estoy refiriendo al físico, eso es algo que hasta un ciego puede ver. Basta un simple vistazo a un miembro de cada género, y también a sus “miembros”, para darse cuenta de que físicamente no tienen nada que ver el uno con el otro. Por mucho que ambos puedan llegar a encajar perfectamente y unirse como piezas de un puzle, está claro que su fisonomía es completamente diferente. Y podemos asegurar, que ese es el motivo, por el que pueden encajar perfectamente, por lo diferentes que son sus miembros… y sus “miembros”. Pero estará de acuerdo conmigo en que, realmente, tener un colgajo más arriba o más abajo, o el tener uno o dos, o tres colgajos, no es lo que nos hace diferentes a hombres de mujeres. De ser así, ambos podríamos tener las mismas aficiones, los mismos pensamientos, y lo que es más importante, tener un comportamiento similar ante una situación determinada.

El comportamiento está controlado por la mente. Eso que no se ve a simple vista, la manera de pensar, es diferente, independientemente del número de colgajos y su posición, y nos hace comportarnos de manera totalmente diferente a unos y otras al afrontar una misma situación. Por supuesto, está claro que siempre hay casos “especiales” en ambos géneros, casos que suponen la excepción que confirma la regla, pero yo hablo siempre con carácter general. 

Dígame usted, si el tema no tiene debate y tela que cortar. Seguramente, una vez que me haya hartado de escribir sobre ello, estaré peor de lo que estaba y seguiré sin entender nada. Y seguramente usted también, sea hombre o mujer. Sólo por poner un ejemplo, entre hombres y mujeres existe una gran diferencia en la manera de afrontar la necesidad de comprar ropa. 

Si un hombre necesita comprarse ropa, ya sabe, incluso antes de salir de casa, qué establecimiento visitar, y se dirige hacia él con paso firme y total determinación, sin dejar que otros establecimientos le hagan dudar. Una vez en dicho establecimiento, un hombre puede comprar la suficiente ropa como para vestirse de pies a cabeza, incluyendo ropa interior, en apenas veinte minutos de reloj, y le sobra tiempo para hacer una radiografía y memorizar el cuerpo de todas las dependientas de la tienda.

Una mujer, sin embargo, sale de compras y lo único que tiene claro, es a qué calle acudir: aquella que tiene el mayor número de tiendas. Una vez allí, empieza a mirar escaparate tras escaparate, del primero al último, y tras estudiárselos todos… vuelve a la primera tienda y empieza a mirar todo el género. Con suerte se probará un par de prendas, pero seguramente las volverá a dejar en su sitio… porque no le terminarán de convencer. Repetirá la misma acción en, al menos, cinco o seis establecimientos más. Seguramente, visite aquellos cuyos escaparates, tengan expuesta alguna prenda que nunca se probaría, y ni mucho menos se compraría. Al salir del último establecimiento, por supuesto aún con las manos vacías, llegará nuevamente hasta el último escaparate, y se decidirá a volver a entrar en la primera tienda, aquella en la que sí se probó un par de prendas… para comprar una de ellas. Después, volverá a la última tienda en la que entró, porque allí había visto otra prenda que combinaba con la que se acaba de comprar…, pero esta vez se la prueba para comprobar que, según ella, no le sienta nada bien. Desesperada, volverá a entrar a todas las tiendas, buscando esa prenda que le combine con lo que se compró, incluyendo también el resto de tiendas en las que aún no había entrado. Por arte de magia, en una de ellas encontrará un conjunto de cuerpo entero que le sienta de maravilla y, además, más económico que lo que ya se había comprado, por lo cual, decide comprárselo y volver a la primera tienda a devolver la prenda solitaria para la cual no encontraba acompañante. Saldrá de la tienda enormemente feliz por la compra realizada. Sin embargo, esa felicidad durará poco. Exactamente el tiempo que tarda en darse cuenta… de que no tiene calzado que combine con ese conjunto que acaba de adquirir…

Dígame Usted, si esto no es un claro ejemplo de la diferencia de comportamiento entre hombres y mujeres. En próximos posts, analizaremos otras diferencias, en otras tantas situaciones diferentes.






sábado, 30 de marzo de 2019

Porqué?


El globo se elevaba…

Había alcanzado ya la altura de un tercer piso, donde un hombre, asomado a la ventana, lo observaba con atención. Pensó en cuál sería la razón por la que aquel globo se elevaba hacia el cielo.

Mejor dicho, pensaba en cuál sería la otra razón por la que el globo se elevaba. Sabía que el globo se elevaba porque estaba lleno de Hidrógeno o Helio, pero esa no era la razón, ya que, aparte de eso, para que el globo se eleve tiene que estar suelto. Si estuviera sujeto a algo, no se elevaría. Y eso es lo que se preguntaba, porqué estaba suelto y se elevaba…

Miró hacia abajo. En tierra firme, en la acera, descubrió a un niño que, con cara bastante más disgustada que él, también observaba como el globo se elevaba. Era evidente que se le había escapado de sus manos, y el hombre de la ventana se preguntó porqué se le había escapado. Pregunta a la que lógicamente no encontró respuesta.

El niño lo sabía. Se lo había ofrecido a su padre, quien, con el brazo estirado en dirección a su hijo, miraba hacia otro lado, perdiendo de vista la cuerda que sujetaba el globo y que el niño, pensando que su padre lo tenía sujeto, había soltado antes de que su padre lo sujetara firmemente. Se preguntó porqué su padre había mirado para otro lado, sin encontrar una razón coherente. Lógico, era un niño…

El padre lo sabía. Había captado poderosamente su atención, una señora, o señorita vaya usted a saber, con una minifalda algo más corta de lo que la prudencia aconseja. A escasos cinco metros de la posición de nuestro embobado padre, la fémina se inclinaba hacia delante mostrando una total ausencia de ropa interior. Se preguntó porqué se agachaba tanto. Bueno, también se preguntó porqué no llevaba ropa interior, aunque la razón no le importó en absoluto. La razón de que no llevara ropa interior, quiero decir… Por supuesto, no encontró respuesta, y por supuesto… tampoco se lo preguntó.

La mujer sí que lo sabía. Me refiero a que sí sabía porqué se inclinaba hacia adelante, porque, seguramente, también sabía porqué no llevaba ropa interior. Pero eso no importa. Importa, pero no es relevante en esta historia. El caso es que la mujer sabía porqué se inclinaba. Hacía mucho tiempo que no veía un billete de cien euros, uno como el que acababa de ver tirado en el suelo delante de ella. Agenciarse con un billete de cien euros, es un noble motivo para olvidarse de las consecuencias de mostrar la total ausencia de ropa interior, y pensó, mirando a su alrededor, quien habría sido el mal afortunado que lo había extraviado.

Nadie, de los que se encontraban a su alrededor, parecía buscar nada. Solamente un niño que, al lado de un padre que la miraba atentamente, quizás demasiado atentamente, miraba hacia el cielo con cara de disgusto. Se preguntó porqué el niño miraba al cielo. Y también se preguntó porqué aquel hombre la miraba sin pestañear… sin llegar nunca a saberlo.

Pero el niño si lo sabía. Y el padre también lo sabía… Dígame usted, si es cierto o no, si todo lo que sucede tiene un porqué o no, por mucho que en algunas ocasiones, no lleguemos a adivinar “ese porqué”…